Despedida

El Hombre de la Sábana

Y así hemos llegado al final de la exposición. Los invito a contemplar al hombre que yace frente a ustedes, la escultura en tamaño natural que realizó el artista italiano Enzo Luigi Mattei, a partir de las medidas milimétricas tomadas de la figura en el Santo Sudario de Turín. Posiblemente, la última imagen del Cristo terrenal, testigo directo de la Pascua Cristiana, representación de la luz de la Resurrección, de un cuerpo muerto que se ha transformado en vida. El Hombre de la Sábana Santa presentado en una anatomía tridimensional.

Enfrentemos al Hombre de la Sábana “en persona”. Solo para nosotros. En silencio y en paz. Aquí frente a él y luego de todo lo que hemos aprendido recorriendo la muestra, nos hacemos la pregunta: ¿Quién es este hombre para mí?

Era rey y se hizo pobre para enriquecernos con su miseria. Era poderoso y se presentó como un miserable. Era capaz de hacer temblar la tierra y sin embargo permaneció clavado a aquella cruz. Era capaz de cubrir el cielo con las tinieblas, de crucificar al mundo, y sin embargo Él fue crucificado.

Seguramente en ese hombre martirizado vemos el signo del sufrimiento y en él encontramos un poco de cada uno de nosotros. Con los ojos de la fe, tenemos la esperanza de que no sea un hombre cualquiera sino el Hombre por excelencia, aquel que fue azotado, coronado de espinas y crucificado siendo inocente, cargando las culpas de todos. Y pensamos que la cruz está presente en nuestras vidas y que muchas veces nos doblega su peso, haciéndonos caer de rodillas en el polvo mil veces para levantarnos otras mil por amor a Cristo. Estamos llamados a llevar nuestras cruces con alegría, con el optimismo del cristiano, ayudando a otros a llevar las suyas como buenos samaritanos.

Más allá de toda creencia, recorrer esta exposición es sin duda alguna una experiencia muy especial. Las preguntas que envuelven el misterio de la Sábana Santa siguen aún presentes.

Y aunque creer en la veracidad de la Sábana Santa no sea una obligación ni siquiera para el cristiano, la excepcionalidad de ese lino permanece allí para desafiar nuestra comprensión y nuestras certezas, casi como lo hizo Jesús de Nazaret en persona, que desafió nuestras certezas amando a sus perseguidores, perdonándoles desde la cruz y venciendo a la muerte hace más de dos mil años.